La figura de la alfombra
La figura de la alfombra Reconocà en cuanto llegué a la calle la justicia de su acusación. SÃ, era su vida: también reconocà esto; sin embargo, y con el tiempo su vida hizo sitio a otro interés. Al cabo de un año y medio de la muerte de Corvick su viuda publicó en un volumen su segunda novela, «Overmastered» [Sometidos], sobre la que me precipité con la esperanza de encontrar algún eco revelador o algún rostro visible a través de un agujero. Todo lo que encontré fue un libro muy superior al que habÃa escrito en su juventud, demostración de que ahora habÃa tenido mejores compañÃas. En cuanto a tejido, considerablemente complicado, era una alfombra con una figura propia; pero esa figura no era la figura que yo buscaba. Al llevar una crÃtica del libro a The Middle quedé asombrado porque en la oficina me dijeron que tenÃan una reseña cuyo texto ya habÃa pasado a la imprenta. Cuando la revista apareció no dudé en atribuir este artÃculo, que me pareció de una vulgar afectación, a Drayton Deane, que en tiempos habÃa sido bastante amigo de Corvick, pero que sólo habÃa conocido a su viuda unas pocas semanas antes. El ejemplar del libro que yo tuve en mis manos era un anticipo editorial para la crÃtica, pero era evidente que el que habÃa llegado a las de Deane era todavÃa más anticipado. De todas formas él carecÃa de esa destreza que permitÃa a Corvick barnizar con una capa de oro la madera más tosca: Deane no habÃa podido hacer otra cosa que dejar unos manchones de purpurina.