La Torre de Marfil
La Torre de Marfil —Ya veo, ya veo. Intentó sacarme algo.
—¡Pobre padre! —respondió ella; pero sin tiempo para más preguntas, ya que, mientras hablaba, la puerta de la habitación se abrió y apareció el doctor Hatch. Se detuvo con portentosa suavidad donde estaba e hizo frente a la mirada de Rosanna. La sostuvo unos segundos, y el efecto fue como pulsar en ella, según todas las apariencias, el mismo resorte que acababa de tocar nuestro joven.
—Pobre, pobre padre —repitió ella, pero como si a él le llegara de muy lejos. Ella había comprendido lo sucedido, pero no enseguida ni sin esfuerzo lo que aquello requería de ella; por lo que su informante tuvo que añadir, a continuación:
—¿No sube usted?
A lo que ella respondió, observada por Gray:
—Si quiere esperar aquí…
Dicho lo cual, sin volverse a mirar a ninguno, y mientras el médico mantenía la puerta abierta, salió, y entonces éste cerró la puerta a su paso y transfirió su mirada a Gray. Que no tuvo que preguntar nada, tan nítidamente manifestaron las manos levantadas y vueltas a dejar caer que todo había terminado. Lo que, a pesar de todo, sobresaltó a nuestro joven, que tuvo con su acompañante un momento de mudo intercambio.
—¿Ha muerto mientras yo la entretenía aquí?
El doctor Hatch se limitó a objetar: