La Torre de Marfil
La Torre de Marfil —Además, ¿quién pretenderá negar —preguntó la chica con la mayor seriedad— que Rosanna posee, por sà misma, un atractivo extraordinario?
—¿De verdad piensa que ella tiene un atractivo extraordinario?
—Por supuesto. Y también usted lo piensa, no sea absurdo. ¡Es, simplemente, espléndida! —explicó Cissy—, a su original manera, que no admite ni sombra de comparación con nada que posea ninguna otra mujer de aquà (excepto yo, quizá, un poco); lo que, por lo que sabemos, constituye un lujo enteramente al servicio de Graham.
Cissy no necesitó más que una sola mirada para continuar:
—No me extrañarÃa lo más mÃnimo que ya estuvieran prometidos.
—No creo que haya ni la más mÃnima posibilidad —dijo Haughty—, y afirmo que si esta clase de temor es su único obstáculo, puede estar usted bien tranquila. No sólo lo veo —prosiguió—, sino que sé por qué lo veo.
Cissy esperó.
—Considera que, porque ella rechazó a Horton Vint, renunciará por completo al matrimonio?