La Torre de Marfil
La Torre de Marfil —Bueno, todo me pasó de una vez; y que todo eso haya pasado es lo que tengo ganado; quiero decir, que eso me permite tranquilizarla ahora como lo estoy haciendo. Pasé unos minutos maravillosos con ella; no duró mucho —rió Haughty—. Siendo tan horriblemente inteligentes como éramos, esos pocos minutos bastaron para que lo viésemos claro; y lo que comprendà para mà se queda. Lo que ella hiciera, es asunto suyo, y que ella pudiera actuar de ese modo con tanta perfección, sin dejarme ni un resquicio de duda, es lo que, como le digo, me tendrá siempre boquiabierto. Puedo preguntarme, si lo desea —prosiguió—, por qué tiene que importarme tanto, si incluso entonces veÃa que ella no iba a aceptar a otro de ninguna de las maneras; y, si me lo pide usted, le contestaré que no me hacÃa falta llegar a tanto para que aquello me doliera. DolÃa por sà mismo. A lo que voy, sin embargo —concluyó Horton— es a que puedo al menos hacerle el favor de decirle que estoy completamente seguro de que Gray no tiene ni una posibilidad. Ella está en la temible posición (por supuesto, ahora más que nunca) de no poder creer que la amen por sà misma.
—¿Quiere decir, porque usted no pudo convencerla de eso? —preguntó Cissy, después de asimilar lo dicho.