La Torre de Marfil
La Torre de Marfil —Lo que vino a decir es que ya estaba enamorada del señor Graham, y usted no hubiera gozado de mejor oportunidad por mucha pasión propia que hubiera puesto. Si yo creyera que ella no le admiraba —dijo Cissy—, no serÃa en absoluto capaz de vérmelas con ella: serÃa muy estúpido por su parte… Quiero decir, dejando a un lado el hecho de no aceptarlo a usted: una mujer no puede aceptar a todos los hombres que admira. Supongo que no tendrá inconveniente en aceptar —continuó— que ella admire al señor Graham lo suficiente para explicarlo todo; especialmente, porque eso explica que haya actuado con tan extraordinario éxito en beneficio de él. ¿No le supone eso —preguntó— ser admirado por veinte millones, más lo que supondrá para su bolsillo la suma salvada en el último momento, sin tiempo que perder, por la reconciliación que ella le ha procurado con su tÃo? No sabemos a cuánto ascenderá esa bendita suma…