La Torre de Marfil
La Torre de Marfil —No, pero lo sabremos, más o menos —terminó Horton la frase—. Sin exagerar, por supuesto, será algo interesante, aunque no estemos hablando, no me cabe la menor duda, más que de sumas modestas… Las cuentas del viejo Betterman (hay gente que lo sabe, y yo he hablado con ellos) no admiten ni sombra de comparación con las de Gaw. No obstante, eso no tiene nada que ver: lo único que importa (y reconozco, especulación por especulación, que nuestra asociación en este asunto supone una diversión de más fuste que la que hemos logrado en otros asuntos), lo único que importa es que, cuando vea usted a Gray, no tenga prisa en figurárselo un provocador de pasiones insaciables. Ese insidioso Northover suyo, como dice usted, la ha preparado, pero espere a ver si la realidad se corresponde con los hechos.
—Ese insidioso Northover mÃo —sacó a colación Cissy— me enseñó una fotografÃa; el pobre era lo bastante mayor para hacer cosas asÃ. De hecho, me regaló unas cuantas, incluyendo una suya. También le debo dos o tres recuerdos más, todos los cuales he conservado.
—¿Y qué pretendÃa el viejo corruptor de su juventud? —Horton pareció preguntarse sinceramente—. Si es que usted no dejó todo aquello reducido a simple parloteo de viejo encaprichado.