La Torre de Marfil
La Torre de Marfil —Reconozco que es usted deslumbradoramente guapo, pero ¿es usted, querido (por su aspecto, me refiero) igual de interesante?
La pregunta fue tan sincera que no pudo menos que ser recibida en el mismo espíritu.
—No me encontró usted así desde el primer instante en que me miró?
—No estamos hablando de mí —replicó ella—, sino de personas que han resultado ser sujetos menos predestinados y víctimas menos rendidas. ¿Qué aspecto —prosiguió ella, sin interrupción— tiene Gray, en cualquier caso? Para empezar, ¿es negro, o blanco, o mitad y mitad? ¿Es pequeño o grande o ni una cosa ni otra? ¿Es gordo o delgado o “peso medio”? De la gente siempre pueden decirse todas estas cosas, por más que falte siempre quien las diga. Ni siquiera el señor Northover, ahora que caigo en la cuenta, mencionó jamás su tamaño.