La Torre de Marfil
La Torre de Marfil —De lo que he sido capaz desde entonces, he ahà lo importante, es de sentir que influÃa sobre él; que, joven e influenciable como lo encontré, di un giro a su vida.
—Bueno —apostilló Davey—, ya no es tan joven, ni usted tampoco lo es, naturalmente; pero adivino, a pesar de todo, que le dará algunos más.
Y entonces, mirándole a la cara más abiertamente que antes, ella pareció preguntarle cómo podÃa estar tan seguro.
—Vaya, si yo mismo, pese a mi duro pellejo, resulto tan influenciable, ¿cómo va a resistirse lo más mÃnimo esa exquisita criatura formada en todas las sensibilidades que usted hizo por procurarle? Le debe todo lo que ha llegado a ser, asà que ¿cómo puede decentemente no querer que usted sepa que lo sabe? Bien está lo que bien acaba: eso, al menos, preveo que querré decir cuando haya sabido más de lo de antes. Iba usted a contarme, en concreto, cómo consiguió usted su oportunidad.
Ella dio una chupada y después otra a su cigarrillo, dejando una vez más la mirada perdida y descansada; tras lo cual, a través del humo, recuperó su conciencia del pasado.