La Torre de Marfil
La Torre de Marfil —Cuando ella hace tanto por mÃ, ¿qué no tendrÃa que hacer yo por ella?
Cecilia Foy le habÃa hecho esa precisión a Rosanna una y otra vez con toda claridad, poniendo de manifiesto su sentido del juego limpio y haciendo de su cultivo de ese ideal quizá no la menor de las complicaciones bajo las que la mayor de ambas jovencitas, tan formal en todo, se esforzaba en formarse una imagen justa de la otra. Cissy al principio se habÃa dirigido a ella bajo ciertas restricciones, pero ése era el modo en el que todo el mundo se dirigÃa a la pobre y cavilosa Rosanna; sólo que, en el presente caso, la diferencia estribaba en que, mientras que en casi todos los demás, la apelación —o, más bien, la opinión que ésta le merecÃa— se veÃa de alguna manera ahogada por las posibilidades de error que la acompañaban, el interés de esta radiante vÃctima del favor de la señora Bradham se aliaba más claramente, en conjunto, con la mayor y más estrecha de las intimidades, no suscitando las preguntas que uno pudiera hacerse respecto a ella sino para descartarlas; por más que, una vez descartadas, ella volviese a suscitarlas.