La Torre de Marfil
La Torre de Marfil —Pero ¿de verdad cree usted conocerlo hasta ese extremo? Dejó que Gussy acusara el golpe, aun con la desventaja de que ahora había muchísimas personas dispuestas a reaccionar hasta la hilaridad ante la sola idea de que la familiaridad disfrutada por una y otra parte pudiera necesariamente atribuirse a estas intervenciones.
—¡Razón de más, si no lo conocemos! —contribuyó la señora Undle; mientras Gussy se abstenía de dar importancia a cualquier palabra de la señorita Gaw. Se abstuvo incluso a su manera, mediante un aún más firme ejemplo de su capacidad de rehacerse; un “Por supuesto, querida, cuento con usted para que lo traiga” que dejaba suficientemente claro su sistema.
—¿De verdad espera que venga mientras su tío se está muriendo? —saltaron con la mayor probidad los labios de Rosanna; de lo que acusó inmediato recibo, sin embargo, una voz que no era la de Gussy y que sonó con claridad antes de que Gussy pudiera hablar.