Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Nunca estaré mejor.
Él la sonrió mirando el cuadro.
—¿Mejor que ella? Ni falta que hace, asà está ya muy bien. Sin embargo, se nota que usted es mejor, porque ella, aunque sea espléndida, no está claro que fuese buena.
No la habÃa entendido. Milly estaba delante del retrato, pero se habÃa vuelto hacia él, y no le importó que reparase en sus lágrimas. Era probablemente el mejor momento que pasarÃa jamás con él. Tal vez fuese el mejor momento que pasarÃa nunca con nadie, ni con nada.
—Lo que querÃa decir es que esta tarde todo ha sido tan hermoso… Es posible que no vuelva a ver nada tan perfecto. Me alegra que usted haya sido parte de todo esto.
Aunque siguió sin entenderla, lord Mark se mostró tan amable como si lo hubiera hecho; no insistió más y ése fue su modo de cuidarla. Se limitó a protegerla de sà misma con una enorme experiencia.
—¡Tenemos que hablar de estas cosas!
¡Ah!, Milly sabÃa que ya lo habÃan hecho, y mucho más de lo que lo harÃan; movió la cabeza muy despacio hacia su pálida imagen.
—¡Ojalá pudiera apreciar el parecido! Tiene la tez verdosa —se rio—, aunque la mÃa lo es mucho más.