Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —No nosotros sino tú. —Y Kate pareció sorprenderse por el verdadero interés del asunto—. ¡En tres semanas!
Milly continuó:
—¡Nunca he visto gente mejor avenida! Razón de más —añadió— para no atormentarla sin motivo.
—¿Y yo? ¿Qué pasa conmigo? —preguntó Kate.
—Bueno… —Milly se quedó pensativa—, si hay algo que soportar, lo soportarás.
—Pero ¡no lo soportaré! —exclamó Kate Croy.
—¡Claro que sÃ! Me compadecerás, pero me ayudarás mucho. Y confÃo totalmente en ti. Ya ves cómo estamos.
Y asà estaban, puesto que Kate no tuvo más remedio que aceptarlo; sin embargo Milly tuvo la sensación de que era sobre todo ella la que estaba donde querÃa llegar. QuerÃa demostrarse a sà misma que no culpaba de un modo horrible a su amiga por sus reservas; y ¿qué mejor prueba que esa especial confianza? Si querÃa demostrarle que de verdad creÃa que Kate la apreciaba, ¿qué mejor manera de demostrárselo que pidiéndole ayuda?