Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —¡Eres extraordinaria! —exclamó por fin su amiga, visiblemente conmovida—. ¡Vaya un momento para hablar de estas cosas!
—Precisamente por eso no hablaremos —dijo Milly volviendo a dominarse—. Sólo querÃa estar segura de que podÃa contar contigo.
—¡AquÃ, en mitad de…! —Pero Kate sólo pudo suspirar sorprendida y casi con lástima.
Pasó un rato en el que su amiga esperó que dijese algo más; en parte como si tuviese el tÃmido pero profundo deseo de conocer su opinión; y en parte como si la insinuación de su piedad diese cierto sentido a su fantasiosa conversación con lord Mark, la primera vez que fueron a cenar a casa de la señora Lowder. Justo eso —la compasión de la joven guapa y su amistosa manera de renunciar a sus propias fuerzas— era lo que habÃa predicho ella entonces. Recogió la frase de Kate, como si de verdad quisiera saborearla mejor.
—Aquà en mitad ¿de qué?
—De todo. No hay nada que no puedas conseguir. Nada que no puedas hacer.
—Eso dice la señora Lowder.
Kate la miró fijamente como si esperase que añadiera algo más; luego, no obstante, exclamó:
—¡Todos te queremos!
—¡Sois maravillosos! —se rio Milly.