Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —La buena de Susan me ha contado que conociste al señor Densher en Estados Unidos, de quien ya habrás visto que no te he hablado hasta ahora. No obstante, ¿te importarÃa hacerme un favor relacionado con él? —HabÃa bajado su hermosa voz hasta convertirla en un profundo susurro, pero seguÃa exhibiendo toda su labia; y Milly, tras un breve instante de sorpresa, adivinó el sentido de su petición—. ¿PodrÃas aludir a él en su presencia —la tÃa Maud hizo un gesto hacia el balcón— para averiguar si ha vuelto?
Muchas cosas encajaron entonces para Milly, a quien después le pareció sorprendente que pudiera reparar en tantas al mismo tiempo. No obstante, se obligó a sonreÃr.
—Pero no tengo mayor interés en averiguarlo. —El número de cosas aumentó y le pareció que habÃa sido demasiado explÃcita. Asà que se apresuró a serlo menos—. A no ser, claro, que a usted sà le interese. —Le dio la impresión de que la tÃa Maud la estaba mirando casi con la misma intensidad con que ella se esforzaba en sonreÃr, y eso le dio nuevos brÃos—. Nunca le he hablado de él, y si lo hago ahora…
—¿Qué? —preguntó la señora Lowder.
—No sé, podrÃa pensar que se lo he ocultado. Ella tampoco ha aludido nunca a él.