Las alas de la paloma
Las alas de la paloma Lo extraordinario fue que descubrió, llegado el jueves, que no iba tan desencaminado. Kate no alcanzó a aclarárselo todo, pero sà muchas cosas en un cuarto de hora. Empezó por sorprenderse de que al parecer el martes le hubiese dejado algo por entender. Vio entonces, que las partes, entre sus dedos, encajaban más o menos, y no porque hubiera pasado mucho rato dándoles vueltas. ParecÃa guapa y brillante, no vieja y exhausta, bajo la claridad general; estaba claro que si no podÃan ganarse a las damas norteamericanas, lo cual era absurdo, tendrÃan necesariamente que volver a intentarlo con la tÃa Maud. No podÃan decirle a Milly, por muy amable que hubiese sido con ellos: «Nos veremos, por favor, siempre que usted nos deje, en su casa; pero contamos con que nos guarde el secreto». En otras palabras, era inevitable que se lo dijesen a la tÃa Maud; serÃa de lo más embarazoso pedirles que no lo hicieran: Kate lo aceptó cuando decidió hablar ella primero. Lo que aceptó le pareció maravilloso a Densher, aunque tal vez tuvo la impresión de ir sacándoselo con cuentagotas en vez de que ella lo expusiera sin más a la luz. Siempre habÃa tenido la impresión, no obstante, de que, cuanto más le pedÃa, más dispuesta estaba a dárselo. Le habÃa dicho más de una vez incluso antes de su ausencia: «Tienes la llave de la alacena, y preveo que cuando nos casemos me racionarás los terrones de azúcar». Ella respondÃa que se alegraba de que diese por supuesto que se alimentarÃa de azúcar, y aquel arreglo doméstico asà anticipado parecÃa haber prevalecido. Los vÃveres de la alacena en aquel momento no eran demasiado dulces; pero satisfacÃan en cierto modo sus necesidades inmediatas. En cualquier caso, si sus explicaciones planteaban preguntas, éstas no las agotaban tanto como agotaban la paciencia de Kate. Y como es natural eran, entre todas, las más simples; como por ejemplo darle a entender que la señorita Theale nada podÃa hacer por ellos. Él sacó a relucir con franqueza lo que se habÃa aventurado a considerar.
