Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Nos hemos hecho muy amigas —dijo al cabo de un instante—; asà que, sin necesidad de ser indiscreta, me cuenta cosas.
Lord Mark sonrió como si la conclusión le pareciese desmañada.
—¿Quiere decir que le ha hecho sin más esa confidencia?
Milly volvió a quedarse pensativa, aunque más incómoda que auxiliada por el modo en que se miraron a los ojos, como si cada cual viese en el otro más de lo que decÃa. Sobre todo le pareció discernir una extraña disposición, por parte de su acompañante, a dudar de la veracidad de Kate. Como es lógico, se creyó obligada a defenderla.
—Quiero decir lo que he dicho: que cuando me contó que no tenÃa ningún…
—¿Se lo prometió a usted? —la interrumpió lord Mark.
Milly no entendÃa qué motivos podÃa tener para interrogarla asÃ; pero volvió a responderle por Kate.
—No me dejó la menor duda de que está libre.
Lord Mark la miró, aunque siguió sonriendo.