Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —No tengo más remedio. —Y al pronunciar estas palabras no habrÃa sabido decir si en ese momento le era leal o no a Kate. En cierto modo, la traicionaba porque dejaba entrever su plan. Sin embargo, notó que Milly se lo tomaba como la simple expresión de la verdad. Estaba esperando lo que le habÃa contado Kate: el permiso de Lancaster Gate para volver a Inglaterra. Si querÃa conservar la amistad de la tÃa o la sobrina no podÃa moverse sin él. Densher lo entendió por la manera en que Milly interpretó el sentido de su respuesta y tuvo la sensación de estar mintiendo, asà que se vio obligado a pensar en algo para enmendarlo. Lo que se le ocurrió un instante después fue:
—¿Acaso no es suficiente que, dejando aparte otras obligaciones que pueda tener, me haya quedado por usted?
—¡Oh!, eso es usted quien debe juzgarlo.
Él estaba ya en pie a punto de despedirse, y también muy nervioso. Al menos sus palabras no habÃan sido desleales con Kate: ése habÃa sido precisamente el tono de su acuerdo. También eran, al ser leales, otro tipo de mentira, la mentira de la falsa pretensión de un motivo. No sólo no se habÃa quedado por Milly, sino que, en cierto modo, se habÃa quedado contra ella. De todos modos no lo sabÃa y, en último extremo, por suerte, no le importaba. Lo único que acertó a decir podÃa ser tanto para bien como para mal.