Las alas de la paloma
Las alas de la paloma Milly adoptó un gesto grave… tanto que, desconcertado en otro sentido, Densher temió lo que ella pudiera entender. Entendió, de hecho, justo lo que él temÃa, pero una vez más su honor, como él lo llamaba, salió bien librado sin que ella supiese siquiera que lo habÃa puesto en peligro. Milly pensó que sus palabras significaban que él también tenÃa derecho a quejarse, y quiso animarlo a tener paciencia diciéndole que tal vez ella podrÃa contribuir con su ayuda indirecta. No obstante, aún quedó más claro que querÃa saber hasta dónde podÃa aventurarse, y él vio que estaba pasando una especie de prueba.
—Entonces, si no es por su libro…
—¿Quiere saber por qué me quedo?
—Pienso en su trabajo en Londres… en todo lo que tiene que hacer. ¿No es un poco vacÃo para usted?
—¿VacÃo? —Recordó que Kate pensaba que Milly podrÃa proponérsele en matrimonio, y se preguntó si ése serÃa el modo natural de hacerlo. Comprendió que eso le desconcertarÃa y tal vez se notase su angustia en la vaguedad de su respuesta—. ¡Oh, bueno…!
—¿Hago demasiadas preguntas? —Ella respondió antes de que tuviese ocasión de protestar—. Se queda porque no tiene más remedio.
Él se aferró a esa explicación.