Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —¡Oh!, en eso consiste el éxito. Si lo que uno tiene es bueno —se aventuró a decir Densher—, es suficiente para intentarlo.
—Bueno, ése es mi lÃmite. No intento más. —Enseguida cambió de tema—: Y, volviendo a su libro…
—¿Mi libro…? —Por un momento se habÃa olvidado de él.
—El que quiero que sepa que de ningún modo correremos el riesgo de echar a perder ni Susie ni yo.
Densher miró a su alrededor y tomó una decisión.
—No voy a escribir ningún libro.
—¿No me ha dicho que…? —preguntó sorprendida—. ¿No está usted escribiendo?
Él se sintió ya aliviado.
—Le aseguro que no sé lo que estoy haciendo.