Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Creo —dijo con mucha consideración— que ha debido ser espantoso para ti.
No obstante, él no hizo caso de su observación; habÃa otras cosas que querÃa aclarar.
—¿No hay otra posibilidad, por lo que sabes? De que viva, digo. —Y tuvo que volver a insistir, pues ella hablaba lo menos posible—: ¿Se está muriendo?
—Se está muriendo.
Le pareció extraño que Lancaster Gate pudiera aumentar sus certezas sobre Milly; pero, tratándose de Milly, ¿qué no era extraño? De hecho, nada lo era tanto como su propia conducta: la presente y la pasada. No podÃa sino hacer lo que debÃa:
—¿Ha vuelto —preguntó— sir Luke Strett con ella?
—Creo que sÃ.
—Entonces —dijo Densher—, es el fin.
Ella aceptó en silencio sus palabras y el significado que él quiso darles; pero al cabo de un minuto habló de manera diferente.
—No estarás enterado, a no ser tal vez que tú también lo hayas visto, de que la tÃa Maud fue a verle.
—¡Ah! —exclamó Densher, sin añadir nada.
—Para tener verdaderas noticias —añadió Kate al cabo de un instante.