Las alas de la paloma

Las alas de la paloma

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En esta ocasión no venía de su dormitorio, que ella sabía que se hallaba justo encima de la salita donde estaban: llegaba de la calle, aunque, si se lo hubiese reprochado, él lo habría negado o utilizado como prueba de su alarmante estado. No obstante, a estas alturas, ya había dejado de reprocharle nada; no sólo porque en cualquier enfrentamiento con él hasta la más vana irritación acababa desvaneciéndose, sino porque contaminaba de tal modo la conciencia trágica que al cabo de un momento no quedaba nada de ella. Y lo malo era que contaminaba del mismo modo la conciencia cómica: Kate casi había llegado a pensar que, pese a todo, esta última podría haberle procurado un asidero para acercarse a él. Pero su padre había dejado de ser gracioso, de hecho era casi inhumano. Su buena presencia, que tanto tiempo lo había mantenido a flote, seguía siendo irreprochable, aunque hacía mucho que se daba por descontada. No había prueba mejor de que Kate estaba en lo cierto. Lo vio exactamente igual que siempre, con la piel sonrosada y el cabello plateado, la figura erguida y la camisa almidonada, el hombre menos vinculado del mundo a algo desagradable. Era, ante todo, el perfecto caballero inglés, y una persona normal, afortunada y acomodada. Al verlo sentado a la mesa de un restaurante de menú, lo único que te venía a la cabeza era: «¡Con qué perfección los produce Inglaterra!». Tenía ojos amables que inspiraban confianza y una voz que, a pesar de su límpida rotundidad, dejaba claro de algún modo que nunca había tenido necesidad de alzarse. La vida se había topado con él a mitad de camino y se había desviado para acompañarle cogida del brazo y adaptándose a su paso. Quienes no lo conocían exclamaban: «¡Cómo viste!»; quienes lo conocían mejor decían: «¿Cómo se las arreglará?». El fugaz destello burlón en los ojos de su hija respondía a la extraña sensación que tuvo de estar recibiendo ella a alguien en aquella sórdida salita. Por un minuto fue como si la casa fuese suya y él el visitante cohibido. Tenía artes indescriptibles para hacerte sentir incómoda y darle la vuelta a la situación: así había sido siempre como había ido a visitar a su madre cuando ella se avenía a verle. Llegaba de sitios que a menudo desconocían, pero hablaba con condescendencia de Lexham Gardens. No obstante, la única expresión de impaciencia de Kate fue:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker