Las Bostonianas
Las Bostonianas —¡Cielos! ¿No supondrá que iba a dejarla allá? Olive piensa que esa joven ha nacido para regenerar el mundo.
—Recuerdo también que me dijo usted eso. Bueno, ¿está ya formada su mente?
—Como no la he visto no podrÃa decirlo.
—No va usted a ir a ver…
—¿A ver si está ya formada la mente de la señorita Tarrant? —La señora Luna estalló—. Iré si usted lo desea. Recuerdo que ella lo perturbó inmensamente cuando la conoció. ¿O de eso ya no se acuerda?
Ransom dudó un momento.
—No podrÃa afirmarlo. Ha pasado tanto tiempo.
—SÃ, no me cabe duda de que es el modo inconstante en que usted trata a las mujeres. Pobre de la señorita Tarrant si cree que logró impresionarlo.
—No pensará en esas cosas si su mente ha sido formada por su hermana —dijo Ransom—. Ahora me acuerdo de lo que me habló usted del desarrollo de esa amistad. ¿Y pensarán seguir viviendo juntas toda la vida?
—Me imagino que sÃ… a menos que alguien se obstine en casarse con Verena.
—¿Verena? ¿Es ese su nombre? —preguntó Ransom.
La señora Luna se le quedó mirando con la aguja en el aire.