Las Bostonianas
Las Bostonianas —¿Asà que también de eso se ha olvidado? Usted mismo me dijo en aquella ocasión, en Boston, cuando me acompañó a la colina, que era un nombre muy hermoso.
Ransom declaró que recordaba aquel paseo, pero que no se acordaba de nada de lo que hubiera podido decir aquel dÃa; y ella sugirió, con sarcasmo, que tal vez a él le gustarÃa casarse con Verena. Ransom sacudió la cabeza tristemente, y dijo que temÃa que no estuviera en condiciones de casarse; en ese momento la señora Luna le preguntó por qué lo decÃa… ¿querÃa dar a entender (dijo después de una momentánea duda) que era demasiado pobre?
—De ninguna manera… Soy muy rico. ¡Tengo ingresos enormes! —exclamó el joven; asà que, advirtiendo su tono, y el sonrojo que cubrió su cara, la señora Luna rápidamente juzgó que en esa ocasión habÃa transgredido los lÃmites.