Las Bostonianas
Las Bostonianas —¿No combatió usted en una ocasión?
—Sí, pero aquella era una noble causa.
Ransom había hecho en broma aquella alusión a la gran Secesión y, por analogía, a la actitud del hombre que opone resistencia; pero la señorita Birdseye la tomó en cambio muy en serio, y permaneció sentada durante largo rato en absoluta mudez, como si quisiera demostrar con su silencio que ya había tenido bastantes experiencias como para discutir en esos momentos las conveniencias de la última rebelión. El joven advirtió que la había hecho callar y se sintió muy afligido, ya que, a pesar de todo el respeto desinteresado de un sureño hacia una mujer desprotegida, lo que le había hecho subirse al ómnibus con ella era precisamente el deseo de hacerla hablar. Deseaba tener noticias tanto generales como particulares de Verena Tarrant; era un tema sobre el que deseaba que la señorita Birdseye manifestara su opinión. Prefirió no ser él quien tocara primero ese punto, y esperó a que se presentara otra oportunidad. Al final, cuando estaba a punto de comprometerse con una pregunta directa (pensó que de cualquier manera no hubiera logrado estar allí mucho rato sin comprometerse), ella se le anticipó diciendo, de un modo que demostraba cómo había seguido el mismo curso de pensamiento.
—¡Me asombra que la señorita Tarrant no haya podido impresionarlo en aquella ocasión!