Las Bostonianas
Las Bostonianas Ransom se quitó el sombrero y la saludó agitando un brazo, pero ella había dejado de verlo; se abría paso en el vehículo que esa vez estaba completamente lleno, sin un solo sitio vacío donde pudiera sentarse. Pero él se dijo que con seguridad cualquier hombre le ofrecería su asiento a aquella inocente y encantadora anciana.