Las Bostonianas
Las Bostonianas La frialdad de la señorita Chancellor no disminuyó por este reproche, ya que se le había ocurrido que, después de todo, ella misma no había hablado abiertamente con Adeline: nunca le había hecho ver la intensidad real de su deseo de mantener alejado el género de peligro que en ese momento se cernía sobre Verena, no le había proporcionado ningún indicio que la hiciera creer que ella era la guardiana de su amiga; y por eso la sorprendió la grosería de pensamiento de la señora Luna al asumir que estaba dispuesta a entrar en una conspiración para aislar y frustrar los intentos de la muchacha. Olive echó mano de toda su dignidad para disipar esa impresión, y si bien no pudo dejar de observar que de esa manera la señora Luna se enfurecía aún más, sintió que debía más bien desencantarla antes que confiarse a ella… sobre todo por estar tan intensamente ávida de obtener provecho con sus advertencias.