Las Bostonianas
Las Bostonianas La señorita Chancellor le había dicho, antes de salir, que debían llegar temprano; deseaba tener una conversación con la señorita Birdseye a solas antes de que llegara cualquier otro invitado. Eso era solo por el placer de verla, una verdadera oportunidad, ya que siempre estaba ocupada con otras personas. La señorita Birdseye recibió a Olive en el vestíbulo de la mansión, que tenía una fachada saliente, un número muy alto y muy grande —756— pintado con cifras doradas en el fanal de vidrio sobre la puerta, una placa metálica con el nombre de una doctora (Mary J. Prance) colocada en una de las ventanas de la planta baja, y una extraña apariencia de algo nuevo y a la vez consumido por los años, una especie de fatiga moderna, como ciertos artículos de escaparate que se venden a precios rebajados por estar algo gastados. La habitación era muy estrecha; una parte muy considerable estaba ocupada por una gran percha, de la que colgaban ya varios abrigos y chales; el resto dejaba espacio para permitir ver algunos movimientos de la señorita Birdseye, que se hizo a un lado para recibir a sus visitantes y que finalmente pasó frente a ellos para tratar de abrir una puerta, que resultó estar cerrada desde dentro. La señorita Birdseye era una mujer anciana, de pequeña estatura, con una cabeza enorme; eso fue lo primero que Ransom observó: la frente clara, espaciosa, protuberante, cándida, despejada, encima de un par de ojos fatigados, débiles y bondadosos; una frente que en vano un sombrerito colocado de modo que parecía que iba a caérsele hacia atrás a cada momento trataba de contrabalancear, y mientras hablaba, la señorita Birdseye de pronto alargaba la mano hasta el sombrerito con movimientos inútiles e injustificados. Tenía el rostro triste, delicado, pálido; parecía (y ese era el efecto de la enorme cabeza) que hubiese sido macerado, aplanado y desdibujado por exposición a un lento disolvente. La larga práctica de la filantropía no había logrado fortalecer sus rasgos; había borrado las expresiones, los significados. Las olas de simpatía y de entusiasmo habían trabajado sobre ellos de la misma manera en que las olas del tiempo terminan finalmente por modificar la superficie de los viejos bustos de mármol, eliminando poco a poco todas las asperezas, todos los detalles. En su amplio rostro aquella vaga sonrisita parecía perderse. Era un mero esbozo de sonrisa, una especie de abono de un pago a plazos; parecía querer indicar que sonreiría más ampliamente si tuviera tiempo disponible, pero ya aquel gesto dejaba entrever su generosidad y su capacidad para dejarse seducir fácilmente por sentimientos de amistad.
