Las Bostonianas

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XXXIV

—Me imagino que es usted la única persona en todo el país que alimenta esos sentimientos —observó la joven al fin.

—No soy la única persona que siente así, pero muy posiblemente sea la única que piensa así. Se me ocurre que mis convicciones existen en una forma vaga y poco precisa en la mente de muchos de mis conciudadanos. Si algún día logro expresarlas de la manera debida habré formulado en términos precisos los instintos subterráneos de una minoría bastante considerable.

—¡Me alegra oírle admitir que se trata de una minoría! —exclamó Verena—. Para nosotras, las gentes indefensas, eso es una fortuna. ¿Y qué quiere decir cuando habla de expresar sus sentimientos de la manera debida? ¿Debo entender que desea ser presidente de Estados Unidos?

—¿Para expresar mis puntos de vista en vibrantes mensajes al Senado? Eso es exactamente lo que me gustaría poder hacer; usted lee mis aspiraciones maravillosamente bien.

—¿Y considera que ha dado los pasos necesarios en ese sentido? —preguntó Verena.


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