Las Bostonianas
Las Bostonianas —Me imagino que es usted la única persona en todo el paÃs que alimenta esos sentimientos —observó la joven al fin.
—No soy la única persona que siente asÃ, pero muy posiblemente sea la única que piensa asÃ. Se me ocurre que mis convicciones existen en una forma vaga y poco precisa en la mente de muchos de mis conciudadanos. Si algún dÃa logro expresarlas de la manera debida habré formulado en términos precisos los instintos subterráneos de una minorÃa bastante considerable.
—¡Me alegra oÃrle admitir que se trata de una minorÃa! —exclamó Verena—. Para nosotras, las gentes indefensas, eso es una fortuna. ¿Y qué quiere decir cuando habla de expresar sus sentimientos de la manera debida? ¿Debo entender que desea ser presidente de Estados Unidos?
—¿Para expresar mis puntos de vista en vibrantes mensajes al Senado? Eso es exactamente lo que me gustarÃa poder hacer; usted lee mis aspiraciones maravillosamente bien.
—¿Y considera que ha dado los pasos necesarios en ese sentido? —preguntó Verena.
