Las Bostonianas
Las Bostonianas —Bueno, no sé si puedo decir que la conozco; pero la he oÃdo en la tribuna. He pagado mi medio dólar —añadió la doctora con cierta rudeza.
—¿Y bien? ¿La convenció? —le preguntó Ransom.
—¿De qué debÃa convencerme, señor?
—De que las mujeres son superiores a los hombres.
—¡Oh, santo cielo! —dijo la doctora Prance, con un suspiro de impaciencia—. Supongo que yo sé más sobre las mujeres que ella.
—Y no opina usted lo mismo que ella, espero —dijo Ransom con una sonrisa.
—Para mà los hombres y las mujeres son exactamente lo mismo —respondió la doctora Prance—. No veo absolutamente ninguna diferencia. Ambos sexos tienen todavÃa mucho camino que recorrer para mejorar. Ninguno de ellos ha llegado a su justo nivel. —Y como Ransom querÃa saber cuál era a su juicio ese justo nivel, ella respondió—: Bueno, deberÃan vivir mejor, eso es lo que deberÃan hacer. —Y luego declaró que según ella todos hablaban demasiado.