Las Bostonianas
Las Bostonianas Fue la señora Luna quien lo recibió, igual que había sido ella quien lo había recibido con ocasión de su primera visita a la casa de Charles Street; con lo cual no pretendo decir que lo recibiera de la misma manera. En aquella época conocía muy poco de él, y esta última vez lo conocía demasiado como para poder sentirse feliz. Sus modales fueron un poco secos y despectivos, como si cualquier cosa que él pudiera decir o hacer fuera tan solo una prueba de su abominable duplicidad y perversidad. Sostenía la teoría de que Basil Ransom se había comportado con ella vergonzosamente; y él lo sabía, lo que le llevó a reflexionar que sus resentimientos eran tan banales como sus opiniones, ya que si la señora Luna realmente creía en sus agravios, o si tenía un poco de dignidad, no hubiera consentido en recibirlo. El joven no se habría presentado a la puerta de la señorita Chancellor si no hubiese tenido buenas razones para hacerlo, y habiéndolo hecho no se iba a retirar hasta que no hubiera intercambiado unas cuantas palabras con alguien. Había enviado su tarjeta de visita a la señora Luna, después de que le informaran que también ella se encontraba allí, contando con que tal vez por casualidad deseara recibirlo; consideraba que un rechazo podía ser la continuación posible de las cartas que ella le había enviado durante los cuatro o cinco meses anteriores; cartas que él apenas había leído, llenas de alusiones sarcásticas por la manera en que se había comportado con ella en el pasado, cosa que él no recordaba. Aquellas cartas lo aburrían porque eran otros los asuntos que entonces le preocupaban.
