Las Bostonianas
Las Bostonianas —He visto a muchos locos que se le parecÃan bastante. Si quiere ver a la oradora, ¿por qué no va usted a la sala como el resto del público?
Y el policÃa lo observó con actitud meditativa y serena en espera de una respuesta a su pregunta.
Ransom tuvo una a su disposición inmediatamente.
—Porque no quiero solo verla; también quiero hablarle… en privado.
—Claro, siempre se trata de algo estrictamente privado —dijo el policÃa—; mire, si yo fuera usted volverÃa a la sala y no me perderÃa la conferencia. PodrÃa jurar que le va a sentar bien.
—¿La conferencia? —repitió Ransom riéndose—. La conferencia sencillamente no tendrá lugar.
—La conferencia empezará tan pronto como el órgano deje de tocar. —Luego el policÃa añadió, como para sà mismo—: ¿Por qué diablos no iba a tener lugar?
—Porque la señorita Tarrant ha mandado que le dijesen al organista que siguiera tocando.
—¿A quién piensa usted que ha mandado? —Y el nuevo conocido de Ransom añadió con cierto humor—: Me parece que la señorita Chancellor no es su negra.
—Ha enviado a su padre, o tal vez a su madre. Ambos están también allÃ.
—¿Cómo sabe eso? —preguntó el policÃa, pensativo.