Las Bostonianas
Las Bostonianas Era detestable reconocer que tenía razón, ya que parecía que recibían con una salva de aplausos a Verena. Un estruendo surgía desde la platea hasta la galería superior: el sonido de varios miles de personas que, puestos de pie, golpeaban el suelo con sus paraguas y bastones. Ransom se sintió desfallecer, y durante un breve instante miró fijamente a los ojos del policía. Luego, recuperando la frialdad, exclamó:
—Mi querido amigo, no se trata de aplausos… sino de una manifestación de impaciencia. No es un recibimiento sino una llamada a escena.
El policía ni asintió a su interpretación ni la negó; pasó solo la protuberancia de una mejilla a la otra, y luego observó:
—Tal vez esté enferma.
—¡Espero que no! —dijo Ransom en tono afectuoso.