Las Bostonianas
Las Bostonianas Su oÃdo habÃa percibido el primer débil murmullo de una nueva explosión de sonidos. Esta vez, sin lugar a duda, se trataba de un aplauso… un aplauso repetido por infinidad de manos, mezclado con el grito de muchas gargantas. Sin embargo aquella demostración, aunque considerable, no era todo lo que se podÃa haber esperado, y se extinguió rápidamente. El señor Pardon escuchaba, con cierta expresión de alarma en el rostro.
—¡Misericordia divina! ¿Es posible que la reciban tan frÃamente? —gritó—. Voy a ver qué ocurre.
En cuanto Pardon desapareció, Ransom le preguntó al policÃa:
—¿Quién es el señor Filer?
—Ah, un viejo amigo mÃo. Es el hombre que maneja a la señorita Chancellor.
—¿Que la maneja?
—Exactamente igual que ella maneja a la señorita Tarrant. Las maneja a ambas, mejor dicho. Su negocio consiste en organizar conferencias.
—Entonces, lo mejor que podrÃa hacer serÃa salir y hablarle al público.
—¡No sabe hablar, lo único que sabe es mandar!
La puerta de enfrente volvió a abrirse de nuevo en ese momento y un hombre corpulento y de aspecto acalorado, con una pequeña perilla en el mentón y la gabardina moviéndose agitadamente tras él, apareció lanzando una imprecación: