Las Bostonianas
Las Bostonianas —Bueno, no sé si a todos les interesa el canto —dijo la señorita Birdseye, inconsciente del hecho de que debÃa buscar un sustituto para el entretenimiento que le habÃa fallado.
—No se trata de canto —declaró la señora Tarrant.
—¿De qué, entonces?
Las arrugas del señor Tarrant parecieron distenderse; mostró los dientes.
—Se trata de inspiración.
La señorita Birdseye emitió una risita, vaga, breve, pero no escéptica.
—Bueno, si usted puede garantizar que…
—Pienso que resultará interesante para todos —dijo la señora Tarrant, y levantando una mano semienguantada, amistosa, hizo que se le acercara la señorita Birdseye, y entonces el matrimonio explicó, por turnos, lo que su hija era capaz de hacer.
Mientras tanto, Basil Ransom le confesaba a la doctora Prance que, después de todo, se sentÃa bastante desilusionado. HabÃa esperado más del programa; querÃa oÃr algunas de las nuevas verdades. La señora Farrinder, como decÃa él, permanecÃa dentro de su tienda de campaña, y él habÃa esperado no solo ver a aquellas distinguidas personas sino también escucharlas.