Las Bostonianas

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La señorita Birdseye manifestó la mejor disposición para satisfacer sus deseos; estaba muy contenta de que él hubiese quedado impresionado. Se disponía ya a llevarlo hacia la señorita Tarrant cuando Olive Chancellor se puso de pie abruptamente y sujetó con un movimiento de la mano el brazo de la anfitriona. Le explicó que debía marcharse, no se sentía muy bien, que tenía un carruaje esperándola; deseaba también que la señorita Birdseye, si no fuera pedirle demasiado, la acompañara hasta la puerta.

—Por lo que veo también usted se ha impresionado —dijo la señorita Birdseye, observándola con ojos complacidos—. Me parece que nadie ha logrado escapar de su influjo.

Ransom se sentía decepcionado, comprendió que estaba a punto de ser sustraído del lugar. Antes de que pudiera contenerse, una exclamación salió de sus labios, la primera que le pareció que podría impedir la retirada de su prima.

—¡Cómo!, señorita Olive, ¿no piensa usted acaso escuchar a la señora Farrinder?



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