Las Bostonianas

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—¡Estoy harta de Back Bay! —dijo Olive con aspereza; y se dirigió hacia la puerta con la señorita Birdseye, sin despedirse de nadie. Estaba en tal estado de agitación que no se sentía dueña de sí, y por consiguiente Ransom no pudo eximirse de acompañarla. Sin embargo al llegar a la puerta de la habitación se detuvo ante una súbita pausa efectuada por las dos damas. Olive se detuvo y se quedó allí, dudando. Miró en torno a la habitación hasta descubrir a Verena, sentada al lado de su madre en medio del grupo de entusiastas; luego, irguiendo la cabeza con aire decidido, volvió a cruzar la habitación y llegó hasta ella. Ransom pensó que quizá había llegado su oportunidad y se mantuvo al lado de su prima. El pequeño grupo de reformadores observó a la señorita Chancellor, que se acercaba; sus caras manifestaban que eran conscientes de su importancia social y al mismo tiempo manifestaban escrúpulos en reconocerla. Verena Tarrant se dio cuenta de que era el objeto de la atención de Olive y se levantó para acercarse a la dama cuyo proceder era tan decidido. Ransom advirtió, o creyó advertir, que ella no reconocía nada; que no tenía sospechas de la importancia social de la otra. Sin embargo, sonrió radiantemente, mientras miraba tanto a la señorita Chancellor como a él; sonrió porque le agradaba sonreír, agradar, vivir su triunfo… ¿O lo hizo porque era una perfecta actricita, y esto era parte de su adiestramiento? Tomó la mano que Olive le tendía, mientras los otros contemplaban solemnemente la escena sentados en sus sillas.


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