Las Bostonianas
Las Bostonianas —Usted no me conoce, pero yo deseo conocerla —dijo Olive—. Ahora puedo darle las gracias. ¿Vendrá usted a visitarme?
—Oh, sÃ, ¿dónde vive usted? —respondió Verena en el tono de una muchacha para quien una invitación (no habÃa recibido muchas) era siempre una invitación.
La señorita Chancellor deletreó su invitación y la señora Tarrant se adelantó, sonriendo.
—Yo la conozco, señorita Chancellor. Me parece que su padre conocÃa a mi padre, el señor Greenstreet. Verena estará muy contenta de poder visitarla. Nosotros nos sentiremos felices de recibirla en nuestro hogar.
Mientras la madre hablaba, Basil Ransom querÃa aprovechar la oportunidad para decirle algo a la hija, que permanecÃa de pie muy cerca de él, pero no podÃa pensar en nada apropiado; las palabras que le venÃan a la mente eran sus frases de Mississippi, pero le parecieron demasiado paternales e inadecuadas. Además, no querÃa felicitarla por lo que habÃa dicho; sencillamente querÃa decirle que era una muchacha encantadora, y era difÃcil marcar en ese momento la diferencia. De manera que se conformó con sonreÃrle en silencio, y ella sonrió a la vez… una sonrisa que le pareció dirigida solo a él.