Lo mas selecto
Lo mas selecto —¡Vaya, pues yo creÃa que tus marcos eran todos muy bonitos! —murmuró Laura. Después añadió—: Supongo que las prisas por evitar que tu acompañante se alarmara al verme, en mi deshonor, es lo que te ha llevado a quitarnos el coche.
—¿Quitaros el coche?
—Tu delicadeza te ha salido cara.
—¡No me dirás que vas por ahà en coche con él! —exclamó Selina.
—Por supuesto, me doy cuenta de que no te crees nada de lo que dices de mà —prosiguió Laura—; aunque no sé si eso hace que lo que dices sea menos indeciblemente rastrero.
El cupé se detuvo en Park Lane y la señora Berrington se inclinó para mirar por el cristal delantero.
—Ya hemos llegado, pero hay otros dos coches —observó por toda respuesta—. Ah, ahà están los Collingwood.
—¿Adónde vas… adónde vas… adónde vas? —exclamó Laura.
El coche avanzó para que se apearan y, mientras el lacayo bajaba del pescante, Selina dijo:
—Yo no finjo que soy mejor que las demás, ¡pero tú sÃ!
Y ya que estaba al lado de la casa, bajó deprisa del coche y llevó su esplendor coronado a través de la última luz del dÃa y del portal abierto.