Lo mas selecto
Lo mas selecto —Sin duda, deliciosos. ¿Y es buena persona, la institutriz? ¿Los cuida bien?
—SÃ, parece muy buena. Es una suerte. Pero creo que tampoco es feliz.
—¡Bendita sea! ¡Qué casa! ¿Sufre de mal de amores?
—No, pero quisiera que Selina prestara atención a su trabajo, que lo apreciara —dijo la joven.
—¿Y acaso no lo aprecia, cuando los deja asà en manos de esa joven?
—La señorita Steet piensa que no se da cuenta de cómo progresan, ya que nunca está aquÃ.
—¿Y llora y se lo cuenta a usted? Sabrá que las institutrices siempre lloran, haga uno lo que haga. No deberÃa usted hablar tanto con ella, siempre están buscando la ocasión. TendrÃa que estar contenta de que la dejaran tranquila. No se muestre usted demasiado comprensiva, no merece la pena —prosiguió la anciana.
—Oh, no lo soy, le aseguro que no —dijo Laura Wing—. Al contrario, veo tantas cosas a mi alrededor que no comprendo…
—¡Tampoco debe comportarse usted como una americana impertinente! —exclamó su interlocutora.