Lo mas selecto
Lo mas selecto —¡Un coche, un coche! Eso es lo único que quiero —le dijo al señor Booker y casi lo apartó de un empujón con el gesto de la mano que indicaba su necesidad. Él se apresuró a ir a buscar uno y, al cabo de un minuto, el mensajero que ella había enviado llegó en un coche de caballos. Laura subió rápidamente y, mientras se alejaba, vio que el señor Booker aparecía a toda prisa con otro vehículo. Ella exhaló un intenso gemido: aquella confusión tan común parecía añadir una nota grotesca a sus apuros.