Lo mas selecto
Lo mas selecto —Es horrible, horrible, horrible —murmuró Laura.
—SÃ, no deberÃan permitir que se publicaran. Me pregunto si no podrÃamos detener todo esto. En cualquier caso, lo mejor es que él no diga nada: dÃgale que venga a verme.
—No conseguirá influir en él; está furioso con ella. ¡En qué se ha convertido hoy esa casa!
—Claro, querida, por supuesto.
—SÃ, pero para mà es terrible: es más de lo que puedo soportar.
—Querida niña: instálese en mi casa —dijo la anciana amablemente.
—Oh, ¡no puedo abandonarla, no puedo dejarla!
—¿Dejar? ¿Abandonar? ¡Qué manera de expresarlo! ¿No la ha abandonado ella a usted?
—¡No tiene corazón! ¡Cuánta maldad! —exclamó la joven. TenÃa la cara pálida y volvieron a llenársele los ojos de lágrimas.
Lady Davenant se levantó y fue a sentarse en el sofá, a su lado: la rodeó con los brazos y las dos mujeres se abrazaron.
—Su habitación está lista —observó la anciana. Y luego añadió—: ¿Cuándo se marchó? ¿Cuándo la vio por última vez?