Lo mas selecto
Lo mas selecto —¡Oh, madre! —exclamó entonces en un tono de protesta que, en aquella oscuridad, me pareció doblemente extraño y suscitó en mà curiosidad por verle la cara.
A su madre no le habÃa costado ni un momento contarlo, además de otras cosas, después de que yo explicara que estaba esperando a la señora Nettlepoint, la cual, sin duda, no tardarÃa en volver.
—Bueno, la señora Nettlepoint no me conocerá. Me parece que no ha oÃdo hablar nunca de mà —dijo la buena señora—, pero vengo de parte de la señora Allen y supongo que eso basta. Conocerá usted a la señora Allen, ¿verdad?