Lo mas selecto
Lo mas selecto Asà que pasamos a la parte delantera de la casa y en la otra habitación nos encontramos con los dos jóvenes que entraban procedentes de la terraza. A la luz de los acontecimientos posteriores, más tarde me preguntarÃa cuánto rato estuvieron ahà sentados. (HabÃan puesto allà tres o cuatro butacas de mimbre para el verano). Si sólo fueron cinco minutos, todavÃa resultaba más extraño lo que sucederÃa después.
—Tenemos que irnos, madre —dijo la señorita Mavis inmediatamente.
Y un momento más tarde, tras reanudar un poco la charla a propósito del encuentro en el barco, las visitantes se habÃan marchado. Jasper las acompañó y bajó con ellas hasta la puerta y, tan pronto como se fueron, la señora Nettlepoint exclamó:
—Ah, ¡qué pesada será! ¡Qué pesada será!
—No porque hable mucho, desde luego.
—El silencio afectado es igual de malo. Odio esa pose, que está poniéndose tan de moda; es una imitación de los ingleses, como todo lo demás. Una chica que intenta dárselas de estatua en el mar, ¡eso acaba con los nervios de cualquiera!
—No sé lo que intenta, pero consigue ser muy hermosa.
—Mejor para usted. La pondré en sus manos, porque yo me encerraré. Me alegro de que la hayan dejado a mi «cargo».