Lo mas selecto
Lo mas selecto —Ah, usted no entiende los matices de las cosas —repliqué—. Decoro y violación: no es necesario utilizar una artillerÃa tan pesada. Puedo imaginar perfectamente que, sin la menor falta de recato, dijera a Jasper en la terraza, con gestos, si no con palabras: «Estoy muy abatida, pero si usted viene, me sentiré mejor y usted también se lo pasará bien».
—¿Y por qué está tan abatida?
—¡No lo está! —contesté riendo.
—¿Qué hace?
—Pasea con su hijo.
Durante un momento la señora Nettlepoint no dijo nada; después exclamó sin venir a cuento.
—¡Uf, es una mujer horrible!
—No, es encantadora —repliqué.
—¿Quiere decir que es «curiosa»?
—Bueno, para mà es lo mismo.
Naturalmente, eso llevó a mi amiga a declarar otra vez que yo era despiadado. Volvimos a charlar durante la tarde del dÃa siguiente y me dijo que, por la mañana, la señorita Mavis le habÃa hecho una larga visita. Su ignorancia era extrema, pero sus intenciones eran buenas y resultaba evidente que se consideraba seria y decorosa. Y la señora Nettlepoint concluyó esas observaciones con la exclamación:
—¡Pobrecilla!