Lo mas selecto
Lo mas selecto —Oh, sÃ. Actúa en representación de su madre. No cabe duda de que hace todo lo que puede para cumplir con la tarea de ésta.
La señora Peck guardó silencio un momento. Yo habÃa hablado con aire jocoso, pero ella escuchó mi broma con cara seria.
—Bueno, pues podrÃa dejarlo cenar en paz —exclamó.
—Oh, ya volverá —dije, lanzando una mirada hacia su sitio.
La comida prosiguió y, al terminar, hice girar la silla para abandonar la mesa. La señora Peck hizo el mismo movimiento y salimos juntos del salón. Fuera habÃa una especie de vestÃbulo con varios asientos, desde el cual se podÃa bajar a los camarotes inferiores o subir a la cubierta de paseo. La señora Peck parecÃa no saber qué camino debÃa tomar y al final resolvió el problema quedándose ahÃ. Se sentó en uno de los bancos y alzó la vista hacia mÃ.
—CreÃa que habÃa dicho usted que volverÃa.
—¿El joven Nettlepoint? Ya veo que no ha vuelto. La señorita Mavis le habrá dado la mitad de la cena.
—¡Muy amable por su parte! Lleva años prometida.
—SÃ, pero eso terminará pronto.