Lo mas selecto
Lo mas selecto —¿Sabe usted por casualidad dónde está la señorita Mavis?
—Pues a esta hora estará en su habitación, señor.
—¿Le parece que puedo hablar con ella? —me habÃa venido a la cabeza la idea de preguntarle por qué habÃa querido saber si serÃa capaz de reconocer al señor Porterfied.
—No, señor —dijo la camarera—. Se ha acostado.
—Está bien —y seguà el excelente ejemplo de la joven.
A la mañana siguiente, mientras me vestÃa, el camarero de mi zona del barco, vino, como de costumbre, a ver qué deseaba. Pero lo primero que me dijo fue:
—Mal asunto, señor. Falta un pasajero.
—¿Un pasajero? ¿Falta?
—Una señora, señor. Creo que la conocÃa. La señorita Mavis.
—¿Que falta? —exclamé, mirándolo fijamente y con expresión de horror.
—No está en el barco. No la encuentran.
—Entonces, ¿dónde está?
Recuerdo la expresión extraña del camarero.
—Bien, señor. Imagino que lo sabe tan bien como yo.
—¿Quiere decir que ha saltado por la borda?