Lo mas selecto
Lo mas selecto Me desplomé en el sofá, me sentía débil. El hombre siguió, tenía ganas de hablar, como los de su clase cuando tienen algo horrible que contar. Por lo general, la señorita Mavis llamaba temprano a la camarera pero aquella mañana, por supuesto, no había sonado ningún timbre. A pesar de todo, la camarera había aparecido hacia las ocho y había encontrado el camarote vacío. De eso hacía alrededor de una hora. Sus cosas estaban revueltas, las cosas que llevaba normalmente cuando subía a cubierta. La camarera pensó que la noche anterior se había comportado de manera bastante extraña, pero esperó un poco y después se marchó. La señorita Mavis no había aparecido y no apareció tampoco más tarde. La camarera empezó a buscarla: no la había visto nadie en cubierta ni en el salón. Además, no estaba vestida, al menos, para salir; toda la ropa estaba en la habitación. Había otra señora mayor, la señora Nettlepoint, seguro que yo la conocía, con la que estaba algunas veces, pero la camarera había ido a verla y sabía que la señora Mavis no se había acercado a ella aquella mañana. La camarera había hablado con él y habían mirado sin hacer ruido, habían buscado por todas partes. Un barco es un sitio muy grande, pero cuando se llega al final y no se encuentra a una persona es que no está. Resumiendo: había pasado una hora y no tenían noticias de la joven, lo que hacía pensar que quizá no se tuvieran nunca. La guardia no podía dar razón de ella, pero seguro que sí podrían los peces del mar, ¡pobrecilla! Naturalmente, la camarera y él habían pensado enseguida en ir a hablar con el médico, y el médico había ido inmediatamente a hablar con el capitán. Al capitán no le gustó, nunca les gustaba. Pero intentaría que no se hablara de ello, siempre lo hacían así.