Lo mas selecto
Lo mas selecto Oliver Lyon dio sólo un par de pasos para entrar en el gran salón; se detuvo un momento para mirar la hermosa composición del grupo de bellas mujeres iluminadas por la lámpara, las figuras individuales, el gran escenario en blanco y oro, los paneles con damasco antiguo, en el centro de cada uno de los cuales destacaba un solo cuadro y de autor famoso. La escena tenía un brillo amortiguado y una atmósfera acorde con los lustrosos trajes de cola que se deslizaban por las alfombras. En el extremo más alejado de la sala estaba la señora Capadose, algo aislada; se encontraba sentada en un pequeño sofá, con un sitio libre a su lado. Lyon no podía hacerse ilusiones de que lo hubiera dejado para él; el hecho de que no hubiera respondido a su saludo en la mesa contradecía esa idea, pero sintió un deseo intenso de ir a ocuparlo. Además, tenía la sanción del marido; así que cruzó la sala, entre trajes de cola, y se detuvo delante de su vieja amiga.
—Espero que no tenga intención de rechazarme —dijo.
Ella alzó la vista para mirarlo con expresión de completo placer.
—Me alegro muchísimo de verlo. Me gustó muchísimo saber que venía.
—He intentado que me sonriera durante la cena, pero no lo he conseguido.