Lo mas selecto
Lo mas selecto —¿Avergonzada?
—Nos desprendimos de él… de la más desinteresada de las maneras —contestó riendo—. Un viejo amigo de mi esposa, al que su familia habÃa tratado mucho cuando vivÃan en Alemania, se encaprichó de él: era el gran duque de Silberstadt-Schreckenstein, ¿lo conoce? Llegó a Bombay cuando vivÃamos allà y vio el cuadro (ya sabrá usted que es uno de los mayores coleccionistas de Europa): puso una cara tal que le aseguro que ella le dijo, para quitárselo de encima, que podÃa quedárselo, ya que casualmente era su cumpleaños. Se quedó encantado, pero nosotros perdimos el cuadro.
—Es muy amable por su parte —dijo Lyon—. Si ahora esa obra de mi juventud incompetente se encuentra en una gran colección, me siento muy honrado.
—Oh, lo tiene en uno de sus castillos, no sé cuál, ya sabe usted que tiene muchos. A cambio, antes de irse de la India nos regaló un magnÃfico jarrón antiguo.
—Pues es más de lo que valÃa —señaló Lyon.
El coronel Capadose no pareció escuchar esa observación; se dirÃa que estaba pensando en otra cosa. Al cabo de un momento, dijo:
—Si viene a vernos en la ciudad, ella le enseñará el jarrón —y mientras pasaban al salón, dio al artista un empujoncito amistoso—: Vaya a hablar con ella, allà la tiene, estará encantada.