Lo mas selecto
Lo mas selecto —Ashmore me ha dicho quién es usted. Desde luego, he oÃdo hablar muchas veces de usted y me alegro mucho de conocerlo. Mi esposa lo trató a usted en otros tiempos.
—Me alegro de que me recuerde. La he reconocido durante la cena, pero temÃa que ella no me reconociera a mÃ.
—Ah, imagino que estaba avergonzada —dijo el coronel con talante indulgente.
—¿Avergonzada de m� —preguntó Lyon en el mismo tono.
—¿No pasó algo con un retrato? SÃ, usted la pintó.
—Muchas veces —dijo el artista—, y tal vez le avergonzara el resultado.
—Pues a mà no, estimado amigo; fue precisamente la visión de ese retrato, que tuvo usted la amabilidad de regalarle, lo que hizo que me enamorara de ella.
—¿Se refiere a aquel en que está rodeada de niños, cortando pan y mantequilla?
—¿Pan y mantequilla? No, claro que no. Hojas de parra y una piel de leopardo, como una bacante.
—Ah, sà —dijo Lyon—. Ya me acuerdo. Fue el primer retrato decente que pinté. Me gustarÃa saber qué me parecerÃa ahora.
—No le pida que se lo enseñe, ¡se sentirÃa muy avergonzada! —exclamó el coronel.